Transitamos un momento histórico excepcional. Está finalizando la primera década del nuevo siglo y aquella afirmación de Frei Betto de que no estamos en una época de cambios sino en un cambio de época, es cada día más evidente.
Con la llegada del nuevo siglo, la humanidad está enfrentando nuevos peligros y desafíos. Desde la destrucción acelerada del ecosistema hasta la irracionalidad del egoísmo y el consumismo desenfrenado, son muchas las amenazas que ponen en riesgo el futuro de la humanidad. Asistimos a una verdadera crisis civilizatoria y es urgente preguntarnos cómo se sale de ella.
En este marco, la cooperación - entendida como ejercicio de la solidaridad puesta al servicio de la equidad y la justicia - es una propuesta alternativa digna de analizar. No es una solución mágica ni sencilla. Y sola no basta para impulsar las grandes transformaciones necesarias. Pero es parte de las herramientas que los seres humanos hemos desarrollado para dignificar nuestra interrelación, para servir de lazo unificador de esfuerzos en pos de un mundo mejor.
Para que aporte en ese sentido, la cooperación no puede ser solo una actitud moral, una inspiración del sentimiento. Para que sirva, la cooperación tiene que ser llevada a la práctica, tiene que ser guía para la acción, tiene que servir para gestionar y desde ahí transformar el entorno en un sentido positivo.
Desde esta visión los invito a que reflexionemos juntos para convencer y convencernos de que un mundo mejor es posible y que estamos decididos a construírlo.
Bienvenid@s!